Una organización de activistas reveló imágenes satelitales que detallan cómo son los campos de «reeducación» en Corea del Norte, establecimientos menos brutales que los campos de trabajo forzado pero en los que también se cometen atroces violaciones a los derechos humanos.
A diferencia de los «gulags» norcoreanos, a donde envían a los prisioneros políticos y cuya existencia es negada por las autoridades, estos campos son manejados por el Ministerio de Seguridad Pública (y no por los servicios de inteligencia) y están destinados a los autores de lo que el régimen de Kim Jong-un considera crímenes menos graves en el código penal, tal como ganar demasiado dinero en los mercados.
«El mundo está impactado por la amenaza nuclear de Kim, pero son los norcoreanos ordinarios los que sufren cada día», amentó Greg Scarlatoiu, director ejecutivo del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte, una organización basada en Washington que publicó el reporte.
«Mucha gente está detenida en estos sitios por hechos que no serían crímenes en otros países», resaltó David Hawk, experto en los campos de prisioneros de Corea del Norte y autor del informe, que vinculó las imágenes aéreas con los testimonios de personas que estuvieron recluidas en estos lugares y pudieron salir del país.
Según detallaron, la hambruna a los que son sometidos es atroz y también se realizan trabajos forzados de 14 horas diarias, duros interrogatorios e incluso torturas. Las causas más habituales para ser enviados a estos campos son delitos económicos o tratar de escapar por las fronteras. En cambio, aquellos que protestan o muestran su crítica abierta al régimen, son enviados a los centros más severos, incluso condenando también a sus familiares.
Las imágenes muestran las características de las instalaciones: muros altos con alambrados de seguridad, torres de vigilancia, alas de dormitorios y talleres de trabajo o minas cercanas a las prisiones.
«La higiene es reportada como pésima y las raciones de comida son inadecuadas, lo que ocasiona muertes por desnutrición o enfermedades, principalmente a los presos cuyas familias no pueden llevarles más alimentos», explicó Hawk.
Con información: Infobae
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