El atún en lata es ese comodín salvador de la despensa: rápido, versátil y nutritivo. Perfecto para una ensalada exprés, un sándwich contundente o una cena improvisada. Pero, ¿cuántas veces nos hemos quedado frente al estante del supermercado mirando etiquetas sin saber realmente cuál llevar? Porque no todos los atunes son iguales, y la diferencia no siempre está en el precio.
Elegir bien no es cuestión de suerte. Hay tres aspectos fundamentales que puedes revisar en cuestión de segundos para asegurarte de que llevas a casa un producto de calidad, sabroso y saludable. Te contamos cuáles son.
1. El engaño de los ingredientes: menos es más
La primera regla de oro es leer la lista de ingredientes con atención. Un buen atún en lata debería tener una lista corta y clara: atún, agua o aceite, y sal. Nada de aditivos innecesarios, conservantes misteriosos o potenciadores del sabor que disfracen la calidad real del pescado.
Organismos como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) insisten en la importancia de vigilar el consumo de sodio, ya que muchos productos abusan de la sal como conservante. Un exceso no solo enmascara el sabor original, sino que puede convertir un alimento saludable en uno menos recomendable para tu dieta diaria.
2. ¿Agua o aceite? El dilema que tiene respuesta según tu plato
Esta es probablemente la decisión más clásica al comprar atún. Ambas opciones son válidas, pero cada una tiene su momento y su propósito:
Atún al natural (en agua): Es la elección más ligera y baja en calorías. Su sabor es más puro y fresco, lo que lo convierte en el aliado perfecto para ensaladas, bowls y preparaciones donde quieras que el pescado sea el protagonista sin sumar grasas extras.
Atún en aceite: Aporta una textura más jugosa y un sabor más intenso. Aquí la calidad del aceite marca la diferencia. El aceite de oliva virgen extra, por ejemplo, no solo mejora el sabor sino que suma beneficios cardiovasculares, como destaca la Fundación Española del Corazón. Ideal para pastas, empanadas o para consumir directamente.
La clave está en pensar en la receta final. Para una dieta equilibrada, variar entre ambas presentaciones es una excelente estrategia. Marcas como Secretos de la Abuela ofrecen ambas versiones para que elijas según tu gusto y necesidad culinaria.
3. El tipo de atún sí importa (y el mercurio, también)
No todo el atún enlatado es igual en términos de especie. Los más comunes son el atún de aleta amarilla y el listado. Estas variedades no solo tienen perfiles de sabor y textura ligeramente distintos (el primero es más firme y de sabor suave, el segundo más intenso), sino que son consideradas opciones seguras por la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en cuanto a niveles de mercurio, una preocupación recurrente entre los consumidores.
Además, fíjate en la consistencia del producto. Un atún de calidad se presenta en lomos enteros o en trozos grandes y firmes, no en migajas o pasta desmenuzada. Esa textura es un indicador visual de que estás ante un pescado bien procesado y de buena procedencia.
Con estos tres simples chequeos en el supermercado, tu elección será mucho más acertada. Apostar por un atún que respete la pureza de sus ingredientes y ofrezca lomos de calidad garantiza un plato delicioso y nutritivo. Si buscas una opción que cumpla con todos estos estándares, la línea de atún Secretos de la Abuela se destaca por su compromiso con la transparencia y el sabor auténtico, pensado para el disfrute de toda la familia.
Para mayor información ingresa a se página web www.secretos-abuela.com o por sus redes sociales @secretosabue.
Con información de Nota de Prensa





